miércoles, 23 de diciembre de 2015

MICROCUENTOS 36: "NAVIDAD"





36-NAVIDAD


-Y, para finalizar, me gustaría que entendierais que todo esto lo hago - dijo el Rey Melchor a sus dos compañeros – porque estamos operando en un mercado global y altamente competitivo, en el que cualquier redundancia en los cargos juega en contra de las altas posibilidades de crecimiento de la empresa. 

Sentados frente a él en la larga mesa de reuniones, sólo entonces se dieron cuenta sus dos compañeros de que Melchor ya no llevaba puestas la capa y la corona. En algún momento de su largo discurso lleno de esquemas, datos numéricos y curvas de oferta y demanda se las había quitado para sustituirlas por aquel extraño traje rojo, forrado de borreguito, que lo hacía parecer bastante más rechoncho. Y también, para qué negarlo, ligeramente siniestro. 

- No… entiendo lo que quieres decir. – habló Baltasar después de un tenso instante de silencio.

-Pues lo que quiero decir, en resumen –cortó Melchor – es que tener a tres personas aquí, dirigiendo, cuando todo esto lo puede hacer una sola, es anti-comercial, anti-competitivo y anti-lógico. Y el hecho de que vosotros dos no os hayáis dado cuenta antes deja bastante claro quién debería ser esa sola persona, ¿no? 

El Rey Gaspar y el Rey Baltasar se miraron con un súbito escalofrío de terror. En ese momento recordaron los papeles que Melchor les había dado a firmar hacía unas semanas. “Tonterías de la gestora”, les había dicho. “No hace falta ni que os los miréis” Y ellos los habían firmado, claro. Sin mirarlos, claro. No había razón para desconfiar. Los tres eran hombres de buena voluntad, ¿no?

-Pero no os preocupéis –continuó Melchor con aquella sonrisa gélida -  Siempre seguirá habiendo un sitio para vosotros en la compañía. De hecho, acabamos de montar una fábrica llena de sueños e ilusión en la que harán falta bastantes manos como las vuestras. ¿Cómo os veis vestidos de pequeño elfo? ¡Seguro que genial! ¡El verde está tan de moda!

Hacía frío en la ancha sala de reuniones. Durante todo el rato las campanillas habían estado sonando con su animado cascabeleo. No obstante, ahora de repente parecían tener un curioso eco metálico, muy parecido al ruido de las cajas registradoras. El hilo musical estaba fallando, pensó Melchor. Iba a ser necesario arreglarlo muy pronto.

O suprimirlo, vamos. Después de todo…


¿Era un gasto realmente necesario?





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